Desde mi almohada (Para Lucía, en el día de su cumpleaños)
Desde mi almohada
tus ojos de tierra y fuego
arañan mis sentidos como un suspiro de deseo.
Extiendo la alfombra roja en la que reposan los latidos de tu corona
mientras descubrimos ficciones y espejos,
muertes y vidas, mares y caminos,
nadando entre las páginas de escritores de idolatrada pluma...
Desde mi almohada
puedo sentir cómo la noche se estrecha
acariciando el frio del dolor de tu alegría,
y me vacuno con el óxido de su hierro,
improvisando una vida en los sueños de tus derrotas rotas.
Desde mi almohada
descorcho una botella y me bebo tus pensamientos
y cuando el silencio de mi copa pide la palabra,
amanecen noches sin fecha con olor a un ayer ciego de horas.
Aparco el argumento de los recuerdos en la doble fila más prohibida
y decoro los límites de tus defectos perfectos.
Desde mi almohada
me asomo al balcón de la historia de tu infancia
e intento vestir tu vida desde el mismo puente donde se besaron nuestras sonrisas,
porque quiero morirme ahí... en la calma de tu prisa,
y rejuvenecer adorándote... mirándote toda mi vida...
Desde mi almohada
puedo ver el sueño de esa vida que cargas a tu espalda,
y les toco con urgencia el timbre a las estrellas
para que desde los chispazos de su fiesta de pijamas
agiten la música y la luz de tu brillo,
hasta que ser feliz sea la mejor y más noble de tus costumbres...
y sigas regalándole días a mis noches…
desde el distrito de mi almohada…
¡Urtebetetze zoriontsua, maitia!
¡Feliz cumpleaños, cariño!
*.- NOTA - De parte de Rosalía: «Cuando muera solo pido… no olvidar lo que he vivido»
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