Rosalía y yo... desde "La perla"
Rosalía - La perla (en vivo desde el Lux Tour en Lyon 2026) Salvador Fuentes
Letra
Rosalía y yo nunca habíamos conectado ¡nunca!... hasta ahora. Reconozco que, sin apenas saber ni lo que cantaba, me dejé llevar por el guion del estereotipo, por la primera definición precaria y simple, y directamente la rechazaba, y afirmaba sin contemplaciones que no me gustaba, así, sin haberla escuchado. Yo huía de sus ritmos sin saber siquiera cómo se llamaban y sin entender ni significado, ni el sonido de sus nombres, no conocía ninguna de sus canciones y apenas le ponía a ella ni cara, resultándome insufrible hasta su fama. No, no era mi estilo y confieso, escondida detrás de todos esos prejuicios e impresiones sin fundamento, que me costaba creer y escuchar que era premiada por aquí y por allá, sin parar. Yo pensaba y hubiera jurado que Rosalía y yo, no podríamos entendernos nunca. Y hoy confieso que me ha conquistado por completo, cuerpo y alma, espíritu, energía y calma.
Ocurrió el pasado 29 de enero. Llegó a mis oídos y a mis ojos su imagen, su voz, su talento, su “lux” y su creatividad innegable. Estaba viendo por la tele un evento de un concierto benéfico en apoyo a Palestina organizado en Barcelona, cuando de pronto apareció ella, irrumpió por y para sorpresa de todos, ya que no estaba anunciada, supongo que para no faltar a la causa con todo lo que ella arrastra, y empezó a cantar “La perla”. De repente, la pantalla de mi TV se vistió de autenticidad, de empoderamiento, de una verdad transversal y cristalina, de himno a la perfecta definición de la relación “sufrida” con una persona tóxicamente narcisista. Se me coló en la venas una canción valiente, sincera, expuesta y nacida de esa durísima batalla emocional cuando al fin una es capaz de distinguir semejante personalidad y elije reconstruirse después de haberlo detectado, definido, delimitado y distanciarse, si puede ser, hasta el contacto cero. Una canción que cuanto más escuchas, más crece y más te hace crecer. Si no lo has hecho aún, escúchala y verás cómo “La perla” se colará en tu vida, se instalará conceptual y musicalmente para siempre en tu cerebro y, estoy segura, de que ayudará a muchísimas personas a distinguir a esos sujetos, que, carentes de empatía pero llenos de ego, van arrasando vidas... “La perla”es, directamente… “¡pa’enmarcar!”
Y así fue como esa canción vino a ponerme delante y a traducirme todos los prejuicios que yo había levantado frente a quien la cantaba, uno detrás de otro. Los reconocí, bajé mi cabeza en señal de sentido perdón y respeto y, maza en mano, empecé a derribarlos, unos a uno. Me puse en mis auriculares el disco entero: “LUX” se llama y como su nombre indica, esa LUZ iluminó un área, un plano, una extensión de mi vida y me trajo y me presentó a una Rosalía atrevida, libre y respetuosa que, a través del misticismo pasional y del Dios en el que vive su fe, va conjugando y encajando un arsenal de metáforas sentimentales entre las que creo que cualquiera puede identificarse o encontrar una referencia a alguna historia mundanal y humanamente vivida y sentida en algún momento de su vida, porque tu Dios puede ser ese mismo Cristo o puede ser… el RESPETO por el mundo y por quienes lo habitamos…
Y, después, cuando ya ves la puesta en escena en directo en su gira de conciertos recién iniciada, el espectáculo trabajado hasta el milímetro, tanto en lo vocal, lo orquestal como en lo escénico, te lleva en un viaje a través de una colección de símbolos cargados hasta los topes de una riqueza cultural tan cuidada como selecta, y ahí ya, las palabras con las que busques definir lo que sientes mientras la escuchas...son completamente tan inútiles como imposibles... Y así, yo, que no soy creyente, no hay vez que escuche el tema “Mio Cristo Piange Diamanti”, desde la exposición que Rosalía nos regala cargada de luces y sombras en su justa medida, subidas y bajadas que ella usa como una munición interminable con la que carga su garganta y nos dispara su voz... como si fueran sus propias lágrimas que de verdad ocurren mientras canta… y “piange”, y yo, que insisto, no contemplo en absoluto su fe, no puedo parar de emocionarme sean las que sean las veces que la escuche. Me pregunto ¿qué sentirán los que de verdad guarden fe en ese Cristo? y me vuelve a emocionar encontrarme a mí misma sin creer en ese Dios por ningún lado, de repente cargada de esa emoción mágica que ella transmite.
Escucho todo el disco, una y otra vez, y cada vez descubro más matices, más magia, más genialidad, más… ARTE PURO. Ella es una alquimista de la voz, un talento de la creatividad, una explosión de mezclas de estilos y todos ellos perfectamente coordinados, calculados y ejecutados con una colosal maestría para parir al final una obra magistral cargada de una intromisión ascética de comparaciones y creencias enlazadas y decoradas con un despliegue de simbología sin precedentes, y, cuanto más lo escucho más me habla no solo de su autenticidad y su descomunal talento, sino también de su riqueza multicultural, en cada tema.. haciéndote vibrar entre las coordenadas de ese arte inexplicable que ya late en tus arterias.
Indudablemente, Rosalía ha trabajado ¡y mucho! en un disco que creo es imposible de encasillar: que sin ser pop, ni industrial, ni lírico, ni clásico, ni flamenco… encaja con brutal armonía unos silencios que también nos canta, y suenan terribles, marcados a fuego, y juega con lo musical y lo vocal en toda su extensión en una exhibición técnica y potencial de la voz que no había observado en nadie en todos los años de mi vida. Este disco es tan sumamente rico en todo que se ha convertido en «un laberinto del que no quiero salir…»
Así que a partir de ya, me CONFIESO admiradora incondicional de Rosalía, a la que agradezco esta autentica lección de vida que me ha dado... Y, parafraseando otra de sus canciones, hago mía otra de sus frases y «cuando muera, solo pido no olvidar lo que he vivido»
Gracias, siempre, Rosalía
ROSALÍA - La Perla (Official Video)
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